Todos ciegos

¿Les apetece conocer una historia de terror? Acomódense. Yo se la cuento.

“Hola, te paso la noticia por si no la has visto”. Es 24 de septiembre de 2015 y un buen amigo me pasa por email la foto de una página de un diario regional. En ella se recoge la noticia de que el nuevo Gobierno de Cantabria acaba de encontrar un agujero de un millón de euros en la financiación de un filme, “Cuervos”, rodada en 2014 en la finca del Marqués de Valdecilla de Medio Cudeyo y cuyo estreno todavía se espera o, más bien, todo lo contrario. Trago saliva y leo muy detenidamente el artículo al completo. No en vano yo podía haber sido el director de ese largometraje. Por fortuna salí vivo para contarlo.

Como muchas de las grandes crónicas de sueños cumplidos y fracasos estrepitosos, esta historia comienza en un teatro de la Avenida Broadway. En ese lugar, un día de julio de 2013, servidor recoge el premio al Mejor Cortometraje por “Retrovisor” en el New York City International Film Festival. En ese mismo certamen coincido con otro galardonado español, un productor, al que simplemente llamaré B., que, casualmente, prepara el rodaje de una nueva película en tierras cántabras. Después de una tranquila noche de celebración por nuestros respectivos premios, quedamos en vernos en Santander esa misma semana. Lo que de por sí ya era algo maravilloso todavía podía mejorar. Quizás haya algo que yo pueda hacer en ese nuevo proyecto. Estoy más que emocionado. Parece ser que las alegrías, al igual que las penas, nunca vienen solas. El regreso a España es esperanzador.

“El hombre colgado”, me explica B. a pocos metros de la entrada principal del Palacio de Festivales de Santander. “Así se llama el largometraje que queremos rodar”. Acabo de asistir al estreno de su última película. Porque B., aparte de productor es escritor y director de cine. Le gusta contar historias, en definitiva. Me invita a cenar en un conocido restaurante del centro, acompañado del resto de productores y de otro joven guionista y director, Raúl Romera. Entre plato y plato me explican el tema. “El hombre colgado” fue en su momento un proyecto original de Gonzalo Suárez. Pero ellos ya no quieren saber nada de Gonzalo Suárez. “Gonzalo Suárez se ha vuelto loco, se le ha ido la olla. Pide cuatro helicópteros para una secuencia. Nosotros no podemos afrontarlo”. Las relaciones con Gonzalo Suárez están rotas. Problema. Ya cuentan con la subvención del Gobierno de Cantabria y del ICAA. Si no quieren perder todo lo que han conseguido tienen que realizar la película antes de que acabe el año. Y ahí entro yo. Quieren que yo sea el director pero, otro pequeño contratiempo, no hay guión. Tengo dos opciones. Escribir una idea propia o contar con guiones que tanto B. como Raúl tienen guardados en la recámara. Uno de ellos es el de ”Cuervos”, en el que parecen poner interés en que se haga ya que me cuentan la sinopsis a grandes rasgos. No me llama la atención. Sin querer saber nada más opto por la primera opción. Escribiré mi historia. Pero para esto también hay dos condiciones. El filme ha de titularse “El hombre colgado”. Sí o sí, para no perder la subvención. Y tiene que desarrollarse en las localizaciones de la finca del Marqués de Valdecilla. Tengo dos meses para escribir un guión de largometraje, el guión de mi ópera prima. Es difícil pero no imposible. Es terrorífico pero excitante. Estoy en la boca del lobo.

Octubre de 2013. He pasado prácticamente los últimos tres meses encerrado en casa pensando y escribiendo. Tras diversos intentos fallidos, unos cuantos borradores de sinopsis y un par de tratamientos entregados, finalmente envío por email el guión definitivo de “El Hombre Colgado”. Noventa y seis páginas redactadas en apenas dos semanas frenéticas para cumplir el plazo impuesto. Mientras, muchas conversaciones con el director de producción, con asesores de guión, entre los que se encontraba Raúl y también con B., aunque este ha ido poco a poco saliéndose de plano, como un personaje principal al que ya no se le da el mismo protagonismo. En los últimos días apenas tengo noticias de él. Incluso realizo un viaje relámpago al Festival de San Sebastián para hablar del proyecto con el director de producción y con B. Llego a las cuatro de la tarde. La reunión estaba planteada para intentar solucionar nuestras diferencias en cuanto a la duración y uso del presupuesto. En principio, y siempre basándome en las palabras de B., el proyecto cuenta con un presupuesto de 800.000 euros (antes rondaba los 1´2 millones pero TVE se salió de la producción en cuanto supo que Gonzalo Suárez no estaba dentro). La productora quiere un rodaje de cuatro semanas. Cien mil euros por semana de rodaje y el resto para promoción y distribución. Tanto el director de producción como yo lo vemos inviable. Pido al menos cinco semanas para poder tener un producto decente. Es mi ópera prima, no pienso cagarla, no quiero pasar por el aro, no si está en juego la calidad de la película. Prefiero tener un buen producto y probar suerte en festivales que gastar el dinero en un poco de promoción y no conseguir rentabilizarlo en taquilla. Lo tengo claro. Es un buen argumento, a mi modo de ver. Son las 22:30 y B. no da señales de vida. Decido volver a casa. 215 kilómetros y dos peajes más tarde estoy al fin metido en la cama. Reflexiono. Es extraño pero al final se llegará a una solución. Estoy convencido.

Dos semanas más tarde me llama el director de producción. Me dice que siente mucho la decisión. Qué decisión, le pregunto. Creí que lo sabías. No, no sé nada. Me han dicho que ya no estás en el proyecto, ya no se va a hacer “El Hombre Colgado”, me responde. Es la primera noticia que tengo, le contesto asombrado. Intento ponerme en contacto con B. No responde a las llamadas, ni whatsapps, ni emails. Además de saber contar historias también es un gran escapista. Unos días más tarde, otro de los productores me llama al fin. No te veíamos muy seguro con la película, por eso hemos tomado esta decisión, me dice con voz apenada. Pero seguimos contando contigo. Tenemos más proyectos pendientes en Cantabria para 2014, no te preocupes, seguimos en contacto. ¿Y la película de Solares? ¿Las prisas por hacerla este año? ¿Qué va a pasar? Hay demasiadas preguntas en mi cabeza y eso es lo único que me sale. Al final va a rodar su película Raúl, “Cuervos”. Fundido a negro.

Desde aquel día, durante más de un año, sentí rabia e impotencia pero sobre todo, me sentía culpable. Culpable por haber forzado las cosas, por no haber escrito un guión mejor, por no haberlo simplificado y conseguido una historia más interesante sin tantos costes de producción. Me sentía un estúpido porque oportunidades como esas, de las de cuento de hadas, de las que quedan genial como anécdota entre compañeros y en entrevistas para la prensa, de las increíbles pero ciertas, no se deben desperdiciar.

Ahora, en octubre de 2015, sigo sin comprender muchas cosas pero al menos me siento mejor conmigo mismo. Como me dijo el buen amigo que me pasó el artículo y que tanto me ayudó en el proceso de creación, “de menuda te has librado”. Y así es. Por no tener no tengo ni el remordimiento de haber recibido dinero de ellos. Al no usarse mi guión no recibí ni un euro por mi trabajo. Eso sí, los gastos de gasolina y peajes corrieron de mi cuenta. Hasta tuve que rechazar un trabajo en un ayuntamiento ese verano para poder escribir el guión. Y a pesar de todo queda el alivio. Yo tenía que ser el tonto útil (a B. Se le debió encender la bombilla en Nueva York cuando le dije que yo era de Cantabria. Ideal para reflotar un proyecto que ya creía perdido) Mi figura era la del cabeza de turco de una tomadura de pelo que todavía desconozco su pretensión última. Lo de coge el dinero y corre me parece simple hasta para ellos. Tengo sospechas vagas pero nada más. Por suerte, mi gusto por el buen cine me impidió aceptar sus condiciones. Las mismas con las que seguramente se rodó “Cuervos”.

Pero mi historia ya da igual, no han quedado secuelas de consideración y como se suele decir, nadie me va a quitar lo aprendido en el camino. El problema ahora radica en el futuro del sector audiovisual de nuestra región. ¿Cómo es posible que sucedan estas cosas? ¿Cómo es posible que alguien, por el simple hecho de venir de fuera, tenga más posibilidades de recibir ayudas y agasajos por parte de la administración que todos los profesionales que intentamos subsistir en esta región? ¿Acaso no somos nosotros igual de capaces de mostrar Cantabria al resto del mundo en nuestras producciones y convertirla en el mejor escaparate con las historias que hemos ideado y que por pura inercia localizamos en nuestra tierruca? ¿Por qué nadie con un mínimo de experiencia en el sector controla esos rodajes venidos de fuera? ¿Acaso no se dan cuenta que de lo que se prometió (presupuesto de 2´5 millones, empleo para 48 personas) a lo que finalmente se hizo hay un trecho enorme? Según tengo entendido “Cuervos” se hizo en tres semanas intensivas de rodaje, grabando con dos cámaras distintas (Canon Mark II y una Canon 7D) inferiores ambas a las que cualquier productora media de Cantabria puede contar en su haber y con un equipo muy reducido y con poca experiencia. Dicho así no me extraña que no quieran enseñar lo rodado.

Todo esto me recuerda tristemente a “Bienvenido Mr. Marshall” y su famoso que vienen los americanos. Estos, en cambio, no venían de Estados Unidos sino de Madrid. Y tampoco eran americanos, solo unos cuantos pájaros negros con mucha labia y muy poco reparo en salir volando con el botín bien apretado en el pico.

Pero insisto, el mayor descalabro no es que haya desaparecido un millón de euros. Lo trágico es que si no se aprenden de estos errores, seguiremos criando cuervos y pronto no nos quedarán ojos para ver a Cantabria en la pantalla grande de nuestros próximos estrenos. Para entonces ya estaremos todos ciegos.

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