A mi edad y yo con estos años

A mi edad y yo con estos años. Con esa frase en la cabeza me desperté ayer y todavía hoy sigo dándole vueltas. Sigo pensando si en mi caso es para bien o para mal. Se puede tener 80 años reales y la edad mental de un joven de 27. O se puede tener 27 años reales y una edad mental de 80. O de 13. Aunque lo que realmente me preocupa no es eso. Quizás lo peor de todo sea tener la edad mental que marca tu DNI. Quizás la madurez no consista en eso. Quizás nunca estemos hechos para vivir la edad que nos toca. Quizás vayamos demasiado rápido. Quizás siempre vayamos a rastras. Quizás ese sea el camino impuesto. Quizás sea lo que haya que hacer. Quizás no.

De cualquier manera, a mi edad y yo con estos años.

Por otro lado, resulta extraño comprobar como las cosas que uno va dejando por el camino, van madurando de distinta manera. Van cogiendo su propia edad como un hijo que ves crecer. Así me pasa con cualquier proyecto que emprendo. Cada uno tiene su recuerdo. Al nacer, al crecer y, tarde o temprano, al morir. Todos son hijos pero no todos se quieren por igual. Por lo pronto he de reconocer que al último le estoy cogiendo cariño. Fue un parto largo y duro y más de una vez deseé haberme tomado la píldora del día después. Pero sabía que al final, de una manera u otra, merecería la pena el esfuerzo. Lo llamé Crisálida, y la poca gente que lo ha visto dice que es bastante guapo. Que sale al padre (risas enlatadas). Yo más bien creo que salió a la madre que lo parió.  En este caso, el recuerdo de la idea original. Y como todo buen padre hace alguna vez, reviso el albúm de fotos familiar. Páginas de blog semi olvidadas que almacenan y archivan otros días, otros momentos. Páginas que al concebirlas no muestran todo el poder que más tarde les conferirá el paso del tiempo. Como por ejemplo ésta:

Es un sueño, negar la posibilidad.
Ceder ante el empuje de lo que uno desea,
Bailar en una baldosa y no caer al mar lleno de tiburones.

El baño está invadido de luz, el agua desborda sus propios límites.
En la bañera una mujer desnuda hace pompas de jabón
entre sus dedos.
Y detrás, caminando hacia ella,
su imagen real, su sueño, su posibilidad.

Un silbido recurrente, una mirada sin candor.
Parece muerta pero solo está sin vida.
Gotas de agua resbalan el sentido de las palabras.
Una es Eva, la otra es el espejo en el que se desea.

Se sumerge, convergen en aguas prohibidas,
Entrelazan verdades, desmienten leyes físicas.
Crisálida por momentos,
mariposas y huracanes para siempre.

Y un pequeño vals retumba en sus oídos
como una nana interminable.
Duermen y parece que yacen.
Viven y parece que mueren.

Una no existe, la otra existe en la imaginación
de la que se resiste a ser.
Somos lo que somos.
Y el momento en el que cambiamos es el más grande
de nuestra vida.
Somos proceso.
Como una canción, como un delirio.

16 de octubre de 2007. Durante el rodaje de “Crisálida”

Hoy es 12 de mayo de 2009. Hoy ha muerto Antonio Vega.

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